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martes, 13 de diciembre de 2011

El instante decisivo, Cartier-Bresson


Cartier-Bresson: <<Me inspiraba, sobre todo, el deseo de atrapar en una sola imagen lo esencial que surgía de una escena>>

Henri Cartier-Bresson
Cartier-Bresson deja claro, ya desde el principio de su texto, que la buena fotografía surge de la instantaneidad, de la intuición, en resumidas cuentas, señala que hay que sentirse “el dueño del instante”. Para él, la fotografía puesta en escena, “fabricada”, es una artificialidad que destroza lo mágico de un instante, en el que el fotógrafo ha de tener una sutileza tal que le permita la concentración y la relajación del espíritu.

En un reportaje fotográfico, dice Bresson, tienen que estar implicados al mismo tiempo la mente, el corazón y el ojo, cuya finalidad estriba en la captación de una impresión durante un hecho. A veces se puede captar en unos segundos, y otras veces se tardan días en conseguirlo.  Explica que hay dos tipos de selecciones: la primera cuando nos estamos enfrentando a la realidad con el visor de la cámara; la segunda cuando se revelan las fotos y comienza la costosa tarea de ir quitando las que, aunque buenas, tiene un valor menos fuerte.

Por eso dice Bresson que hay que acercarse a las escenas “sigiloso como un gato, pero ojo avizor, sin levantar la liebre”. Lo mejor  que se puede hacer es que te olviden, porque el fotógrafo y la cámara siempre llaman la atención irremediablemente. Aconseja Cartier-Bresson que si alguna vez vamos con demasiado atropello, o alguien repara en tu cámara, hay que olvidar la fotografía y “dejar, amablemente, que los niños se reúnan a tu alrededor”. Para Bresson el tema puede ser lo más pequeño de un hecho, no el acontecimiento en sí que no ofrecen interés alguno. “Lo importante –matiza- es escoger entre ellos”.

Hay un campo que la pintura ya no explota: el retrato, y que, en parte, la fotografía lo ha recuperado. El fotógrafo busca en los retratos la agudeza psicológica, no que los que van a ser retratados finjan cierta postura y expresión de la cara para quedar favorecidos. Por eso señala Bresson que es peligroso ser retratista por encargo, “se pierden los vestigios de lo verdadero”, y vuelve a repetir que la pretensión del fotógrafo es reflejar tanto el mundo exterior como el interior, porque así captaremos el instante, la situación natural del momento.

Detrás de la estación Saint Lazare, París - 1932
Pero lo que tiene que ser una de nuestras preocupaciones constantes, según Bresson, es la construcción de un significado en el instante captado, es decir, la composición. De ahí la importancia de nuestro ojo que ha de estar cambiando perspectivas continuamente. Por ello la composición no ha de ser solo intuitiva, porque las escenas son móviles “y nos enfrentamos a instantes fugitivos”.
El manejo de las técnicas fotográficas, dice Bresson, tiene que ser como un acto reflejo, “como cambiar de velocidad en un coche”.

Las fotografías son informaciones que van dirigidas a un mundo que vive apresurado, lleno de preocupaciones. Por esta razón, el lenguaje fotográfico tiene una importancia vital porque entre el público y los fotógrafos se sitúa la impresión, ese punctum barthesiano que me punza, pero la vez me atrae.

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