El primer fenómeno de fotografía de guerra que sensibiliza en masa a la población mundial con respecto al tema que trata fue el de la foto del miliciano muerto. Como todas las fotografías icónicas de un hecho histórico, ésta instantánea es histórica de por sí.
Los años de la Segunda República habían traído un florecimiento cultural e intelectual a un país tradicionalmente muy retrasado, como era España. En nuestro país se producía el avance de una prensa escrita y gráfica que maduraba en un ambiente de libertad de expresión; mientras que en otros países sucedía la contrario. Por poner un ejemplo, la Alemania nazi que hasta ese momento había sido el paradigma de desarrollo fotoperiodístico.
Si bien la mayoría de intelectuales de la época estaban posicionados junto a los ideales republicanos y se suponía a todos los gobiernos democráticos como afines a este bando, estos últimos no se mojaron a favor de la legalidad democrática en España mientras la mayoría de la sociedad civil de sus países sí lo hacía. Una de las fotos que simbolizó la causa republicana -y la que lo hizo con más fuerza- fue la foto del miliciano muerto de Robert Capa.
Capa -el fotorreportero gráfico más famosos de la historia- era en realidad dos personas. Este nombre era un seudónimo que utilizaron el búlgaro Endre Ernö Friedmann y su novia. Durante su estancia en España para cubrir la que en el mundo se conoció como la Guerra de España, se tomó la mítica captura del miliciano cayendo en combate en Cerro Muriano (Córdoba).

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