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viernes, 16 de diciembre de 2011

Fotografía en el frente: Tiananmén y los vientos de cambio


Decía Mario Vargas-Llosa en su discurso de aceptación del Premio Nobel de literatura que los gobiernos dictatoriales y autoritarios se preocupan tanto en censurar la palabra escrita porque ésta tiene el poder de acercarnos a la libertad. Si fuera cierto que una imagen vale más que mil palabras; ¿Puede una fotografía ser un grito de libertad mil veces más potente que una palabra?


El 5 de octubre de 1989 el ejercito China disolvía de manera violenta una de las muchas manifestaciones políticas que se venían produciendo en el país asiático. Desde la ventana de un hotel, Charlie Cole tomó la World Press Photo de 1989, en la que aparecía un joven manifestante ante una columna de máquinas de guerra del ejército chino.


Durante 1989 se vivieron al otro lado del telón de acero una serie de convulsos movimientos y agitaciones políticas que acabarían por traer consigo un nuevo orden mundial. Como imagen del llamado otoño de los pueblos, lo lógico habría sido que se impusiera una foto relacionada con la caída del muro de Berlín; la imagen más representativa y simbólica de cambio de esa era (quizás de todas las eras). Sin embargo, la fotografía ganadora del primer premio del World Press Photo fue la que ahora es un símbolo de la lucha por la libertad a la altura de muy pocas otras, como el mítico retrato del Ché Guevara.


La imagen de la que hablamos fue tomada en la plaza de Tiananmén (Pekín), el espacio público más extenso del mundo, en el país más poblado del mundo.


China fue uno de los pocos países en los que sobrevivió el arcaico y represivo régimen comunista que se impuso en buena parte del mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Es decir que, pese a que esta foto ha conseguido inspirar el sentimiento de libertad en millones de personas alrededor del mundo y fue el símbolo de el fin de la dictadura en muchos países, no se trata de una fotografía que haya ejercido como profeta en su tierra.


De hecho, como nos muestra el documental The Tank Man de Anthony Thomas:  la imagen no es accesible desde ningún buscador mayoritario desde la China actual.


El que uno de los regímenes más represivos que haya existido jamás tema de tal manera que sus ciudadanos puedan llegar a contemplar esta foto nos demuestra el poder que puede llegar a tener una imagen. Más allá de eso, nos demuestra el poder que puede tener cualquier imagen. De hecho, Jeff Wiener, uno de los periodistas que inmortalizó el instante, tuvo que esconder el carrete que la contenía en la cisterna del váter del hotel para que no se la confiscaran las autoridades chinas.


En el caso de esta fotografía, además, podemos comprobar el curioso -y quizá extinto- fenómeno de que una foto de prensa se imponga a un video. Este hecho puede que ya no sea posible en la época del periodismo 2.0; pero en 1989 la fotografía de un muchacho que pone su vida ante una columna de tanques para detenerlos fue portada en todo el mundo y tuvo más repercusión que el video que se grabó.


Porque se grabó un video de los hechos; pero es que además se conocen hasta tres fotoperiodistas que capturaron una instantánea del joven desconocido desafiando los tanques.


El muchacho desconocido se pone ante una columna de tanques queriendo hacerlo de manera anónima, queriendo mandarle un mensaje al piloto de la máquina y le manda un mensaje al mundo enter. Inspira a una generación en un momento histórico; y a todas las generaciones que vuelvan a contemplar el momento. Sea quien sea.



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